domingo, 31 de julio de 2016

Todo cambia

Hoy te traigo malas noticias, y es que, todo cambia.
Hoy te traigo buenas noticias, y es que, todo cambia.

Tú. Yo. Nosotros. Cambiamos.
Él. Ella. Ellos. Cambian.

Las personas cambian. 
Los sentimientos cambian. 
Las relaciones cambian.

Nada se salva de cambiar, ni siquiera el tiempo. 

Los segundos, minutos, horas y días transcurren uno tras otro sin detenerse, se deslizan lenta pero incesantemente como los granos de un reloj de arena.

La diferencia entre el tiempo y nosotros, es que el primero, además de cambiar, es también el culpable de cambiarnos, mientras que nosotros no podemos hacer nada más que asumir los cambios y continuar. Mejor o peor. Pero continuar.

jueves, 28 de julio de 2016



Todo sería mucho más sencillo 
si las personas no dijeran sentir cosas 
que en realidad no sienten.


Miss Lauvene

sábado, 23 de julio de 2016



El problema no es que me echara un polvo.
El problema es que violó mis sentimientos.


Miss Lauvene

viernes, 22 de julio de 2016



No puedes basar tu felicidad en otra persona.
No puedes construir tu vida en función a ella.
No es sano.


Miss Lauvene

jueves, 21 de julio de 2016



Punto y final.
Pasamos página.
Cambiamos de libro.
Y quemamos la biblioteca.


Miss Lauvene

miércoles, 20 de julio de 2016




Hablaremos de amor 
cuando me hagas sentir algo 
besándome en los labios.

Abriéndome de piernas 

cualquiera 
puede conseguir que sienta algo.



Miss Lauvene

lunes, 18 de julio de 2016



Y la realidad 
es que soy como un libro abierto 
con cientos de anotaciones a pie de página.


Miss Lauvene

domingo, 17 de julio de 2016

Una noche de sexo cualquiera

La oscuridad de la persiana bajada y las cortinas echadas, la protección de las paredes en tinieblas, la intimidad de la puerta cerrada, la confianza de la ropa tirada por el suelo, la electricidad producida por el roce de sus pieles, el calor irradiado por sus cuerpos, la embriaguez de la magia del momento y los sentidos nublados por besos y caricias ocultas bajo la colcha.
No sabían como habían llegado hasta ahí, ni de que forma la tensión existente entre ellos había conseguido arrastrarlos sobre el chirrido de los muelles. Tampoco importaba. Pensar no era una opción en ese momento y no dejarse llevar se habría considerado un pecado.
Los alientos, cálidos y apasionados, eran frenados por el encuentro de sus labios y el torpe baile de sus lenguas. El pulso brincaba agitado, excitado. Las manos exploraban cuidadosamente, uno por uno, todos los pliegues y resquicios de sus cuerpos, dejando a los dedos acariciar, palpar y jugar sin pudor alguno. Sus piernas entrelazadas haciendo desaparecer cualquier centímetro de distancia entre ellos. Y el vaivén de sus cuerpos aumentando la temperatura. En momentos lento y cuidadoso, con mimo y delicadeza. Luego rápido y salvaje, embistiéndose el uno contra el otro de forma tan excitante que sus ojos relampagueaban y sus labios ardían al besarse. Los muelles gimiendo de placer y las sabanas revolviéndose como si de olas movidas por Poseidón se tratasen.
Dejándose llevar por una mezcla entre el deseo, la pasión y sus instintos más primarios, se abandonaron a si mismos para regalarse al otro, dejando de alargar la espera y satisfaciendo sus deseos de poseerse el uno al otro de la mejor forma que se puede hacer.