Los ojos llorosos, un nudo en la garganta, los labios mordidos como si intentasen ser arrancados, las manos temblando como si el frío hubiese calado en sus huesos y una fuerte presión en el pecho que notaba que le sobrecogía el corazón y aceleraba su pulso.
La cabeza, por su parte, se llenaba de pensamientos, de sentimientos y de recuerdos que pasaban fugazmente dejando solo una difuminada imagen en la opaca pizarra que era su mente para hacer su parada final, primero en los ojos, empujando a su paso, con crueldad, el cristalino líquido que estos se esforzaban por retener, y finalmente en la boca, donde sus labios y su lengua daban forma a estas imágenes en solo tres palabras que no podían dejar de repetir: "No lo entiendes".
La persona sentada a su izquierda no lo comprendía aunque se empeñase en afirmar lo contrario, y ella no sabía como explicárselo de tal forma que no le quedase ni el más pequeño rastro de la más irrisoria duda. Quería que comprendiese lo que significaba para ella todo lo que había hecho, todo lo que había logrado, todo lo que había dicho, todo él.
La impotencia la estaba matando lentamente en ese momento, regodeándose en cada espeso segundo de su tortura.
Quería que comprendiese esa absurda y tan necesaria felicidad con la que él, y solo él, había devuelto la paleta de vivos colores al cincel de su existencia que hacía tiempo se había visto ennegrecido por el amargo color gris y los crueles pinceles de la tristeza. Quería que comprendiese que, cuando él no estaba, lo echaba de menos, su olor, sus manos, sus labios, su voz y su risa, las quería a su lado. Quería que comprendiese la preocupación que se cernía sobre ella cuando algo malo pasaba, por estúpido e insignificante que fuera, puesto que lo único que realmente deseaba es que él estuviese bien. Quería que comprendiese su necesidad por verlo sonreír, por hacerlo feliz y poder decirse a si misma "Lo estoy haciendo bien". Quería que comprendiese sus miedos de no merecerlo, de no ser digna de todo aquello que él hacía, todas esas cosas que hacían que día a día se fuese enamorando de él un poquito más.
Quería que comprendiese que le amaba y que le amaría.

No hay comentarios:
Publicar un comentario