jueves, 12 de junio de 2014

Futuro.

Le recorrió con la mirada de arriba abajo atentamente, intentado percibir cada detalle, tanto por fuera como por dentro, de esa persona que siempre estaba a su lado, aunque físicamente estuviera lejos, siempre se encontraba presente de alguna forma, ya fuera por un objeto, un fugaz recuerdo, o cualquier cosa que pareciera no tener sentido pero que él se lo había otorgado. Y entonces se formuló la pregunta.

  ¿Veo un futuro a su lado?

No se estaba refiriendo a un mes, un año, cinco... No. Se refería a un futuro a muy largo plazo. Se estaba refiriendo a un plazo de tiempo lleno de experiencias, recuerdos, risas, lágrimas... Se estaba refiriendo a compartir una vida con él, entrelazar sus caminos de forma indefinida, con todo lo que ello conlleva. Tanto lo bueno como lo malo.

¿Le veía capaz de consolarle cuando lo necesitase, de ser un fuerte hombro sobre el que llorar, de que le dijera esas palabras conciliadoras que tanto necesitaría oír en los peores momentos, de que con él disfrutaría al máximo de las buenas experiencias, de que le haría reír, de que lloraría con ella? Y ella, ¿ se veía capaz de hacer todo eso para él, de darle, si no todo lo que merecía o quería, sí todo lo que pudiese darle? 

¿Veía que eran capaces de hacerse felices mutuamente?

Antes de contestarse a esa pregunta, reflexionó. Si no lo veía, debería dejar a esa persona marchar antes de que fuera demasiado doloroso, no sería "la persona", puesto que si no podía imaginar un futuro a su lado, es que realmente, en el fondo, sabía que no era la adecuada, aunque le doliese admitirlo, eso quería decir que algo entre ellos no terminaba de encajar. No sería culpa de ninguno de ello, simplemente era una desafortunada coincidencia en el tablero del destino.

Pero si conseguía ver ese futuro, no debía dudarlo, esa era "su" persona y no debía dejarla ir.

Y la respuesta es sí.


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